Overblog Todos los blogs Blogs principales Estilo de vida
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.

Publicidad

Transición

 

Ya había dejado atrás una etapa. Ahora bien, había que culminarla, dar el golpe de gracia. El siguiente paso, la prueba de acceso a la universidad. En cierta forma era para lo que le habían formado durante aquel duro curso, para afrontar con éxito aquella decisiva prueba; una prueba determinante y temida pero que tras ser superada era más ninguneada que otra cosa. Las dos semanas previas al temido examen de aquel caluroso y viscoso mes de junio fueron dedicadas exclusivamente a los estudios, anteponiendo cualquier tipo de evento social al que, de todas formas, durante lo largo y ancho del curso, Félix no había tenido costumbre de asistir: que si barbacoa, que si fin de semana de relax en la playa...

 

Y llegó el primer día de los tres. Tres días en los que haría un total de seis exámenes. El primer día sería el más duro, en primer lugar porque tendría que estar en el sitio citado a las ocho, lo que significaba despertarse mucho antes; y segundo, porque haría frente a las tres asignaturas más "potentes", como decían algunos. El despertar de Félix no fue muy agradable, aunque lo cierto es que no solían serlo; no tanto por su humor, que era más bien escaso, sino más bien por las sonoras arcadas de las que era víctima. Éstas arcadas eran producto de sus nervios, también eran la respuesta orgánica ante cualquier hecho novedoso que supusiera un cambio notable en su monótona rutina. A veces, como ocurriría aquella mañana, acababan en vómitos: "¿Que no he comido? pues nada, a echar bilis se ha dicho" pensaba con resignación.

 

Tras la burocracia estomacal y sin un desayuno que aportase glucosa, pues las arcadas podrían sobrevenir en cualquier momento, Félix se dirigía en taxi a la facultad en que había sido asignado su colegio para la realización de la prueba.Y llegó, y un poco aturdido. No sabía por dónde había que entrar; la facultad no era excesivamente grande, pero lo suficiente como para perderse. Antes de introducirse en una de las entradas del edificio, la primera que encontró, se encontró disponiéndose también a entrar a un compañero de curso. Ambos, confusos, se saludaron y terminaron por echar juntos un vistazo en su interior; sin duda no era ahí. Inquietos, con semblantes serios y tensos, decidieron dar una vuelta al recinto hasta que por fin lograron distinguir a otro de sus compañeros de curso. Sin duda habían dado con el sitio, pues la anterior sala no estaba tan concurrida como aquella en la que acababan de entrar. Nada más entrar pudieron observar que había varios grupos de jóvenes dispersos a lo largo y ancho de la sala, delante - todos ellos- de las listas en las que se indicaba, alfabéticamente, cuál era el aula a la que cada uno tenía que dirigirse. Intuitivamente, Félix se dirigió rápidamente a una de aquellas listas y, pese a estar seguro, revisó hasta tres veces el aula a la que tenía que dirigirse de inmediato. Los grupos comenzaron a disgregarse; unos subían las escaleras que pegaban a la entrada, otros se deslizaban rápidamente por el pasillo de esa misma planta hacia las aulas que allí había, y otros seguían buscando como desquiciados su apellido; aquella sala quedó con celeridad sumido en un silencio sepulcral.

 

Finalmente, Félix llegó a la puerta del aula; frente a ésta se encontró con un pequeño grupo de gente de su curso, mezclado éste entre la abigarrada y variopinta multitud que, en teoría, realizaría la prueba en el mismo aula. Estos conocidos eran, obviamente, los que alfabéticamente se acercaban a su apellido; eran unos cinco. Tras hacer éstos un coro y preguntarse entre sí dudas de última hora, más por quitar nervios que dudas, apareció una señora enjuta, de medio siglo de edad aproximadamente, con arrugas marcadas en su rostro, rubia, de tez pálida, con apariencia adusta y un cierto aire de sargento. Tras mandar a callar y lograrlo, explicó una serie de asuntos de obligado conocimiento y comenzó a recitar los nombres que aparecían en la lista que ella misma sostenía entre sus manos de alfiler. Al dirigirse hacia ella el aludido, éste mostraba su DNI y cogía el folio que esta mujer le ofrecía; dicho folio, según el color, determinaba de qué materia se examinaba uno.

 

Félix afrontó el primer examen con más pena que gloria, pues era el primer examen y los nervios afloraban. En el segundo, quizá porque era menos ambiguo que el anterior, más conciso en la temática, se despojó de gran parte de la plétora de nervios que anteriormente le había invadido; salió con mayor ánimo que en el precedente. Posteriormente, tras terminar el tercero y último de aquel día caluroso, con la cabeza un tanto ida y aturdida, se dirigió en metro hacia su casa; esta vez con unos compañeros, con los que intercambiaba opiniones y experiencias del día, un día especial para todos ellos.

Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post
H
<br /> Los periodos de transicion son los mas dificiles de todos porque muchas veces no sabes ni lo que hay que hacer...<br /> <br /> <br />
Responder
C
<br /> <br />  Sí, la incertidumbre es lo peor.<br /> <br /> <br /> <br />