Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
La vida no tiene un significado o sentido trascendente. Esta sentencia rotunda, categórica y sin paliativos, en caso de no ir acompañada de una guía vital para enderezar el crudo y descarnado camino que se abre en un mundo carente de toda esperanza, sumiría...
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A lo lejos se podía divisar la figura de un coche destartalado, viejo y sucio que, con su lento pero revoltoso traqueteo, bien pareciera que fuera a descuajaringarse en cualquier punto del trayecto. El camino por recorrer, lejos de ser llano y apacible,...
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