Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Toda vida sin chispa no se vive con entusiasmo (lo que en cierta forma es perjudicial), de ahí que inconscientemente, de manera espontánea y como mecanismo para combatir a aquél mundo carente de atractivo, recurramos de forma no deliberada, para sanar esa ausencia de viveza, a la creación de un mundo fantasioso en el que lo monótono se convierta en aventura, lo desapasionado en pasión, lo tedioso en ameno…no es más que una argucia con la que uno se motiva a vivir de la manera más satisfactoria, a vivir con viveza. De esta forma, del mismo modo que físicamente uno suda para bajar su temperatura por el calor, el cerebro actúa para que esa sensación negativa que me lleva a vivir sin motivación alguna se desvanezca con la invención de otra –aparentemente positiva- que se contraponga a aquélla, suprimiéndola.
Así pues, este mecanismo, al no ser fisiológico, sino producto de la mente, actúa por medio de la psique, del mismo modo que en el caso del calor, que es físico, se recurre a un tratamiento que procede de una misma fuente, la de lo físico. De modo más genérico, lo psíquico y lo físico, distinto uno de otro, obran de igual forma pero utilizando sus propios recursos y taponando cualquier vía de escape que perjudique o desinfle a lo vital, al desarrollo de la vida del ser humano, en éste mi caso.
Podría decir que el inconsciente, mirando por mi bien, me predispone a sentir pasiones, por llamarlas de alguna forma, que hacen, por ejemplo en mi caso, llenar de vivo colorido a un aspecto vital un tanto gris. Para colmar de alegre y vivo contenido aquella vacuidad vital y taciturna, y al carecer de recursos reales -como un amor apasionado- con que rellenar dicho vacío, se acude a invenciones basadas en la realidad, base real pero cuerpo ilusorio; forma real pero contenido ficticio. La realidad se disfraza para suplir esa ausencia de pasión. En cierta forma, sin querer, gracias a nuestro inconsciente -que actúa por sí solo-, nos engañamos a nosotros mismos, o por decirlo de alguna forma, “nos montamos una película” que, a veces, nos complican la vida pese a que su intención no sea otra que la de vivir con pasión, con ansia, lejos del monótono y aburrido camino que a veces tomamos y en el que quedamos sumidos durante muchos de nuestros días. Para unos no; para otros, sí.
Ahora bien, si el amor es verdadero, la pasión inicial, pese a desaparecer ésta con el tiempo, pues no es eterna, no perjudica a que la relación perdure, pues, como he dicho, si el amor es amor, y no sólo pasión, cuando ésta se desvanece, el "amar" sigue intacto, si acaso va en aumento...