Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
La luz y guía de aquel pequeño barco, que ya no le seguía, pero sin embargo le perseguía en sus pensamientos, seguía muy presente, y es que su único tripulante, su capitán, la tenía siempre consigo en sus sueños risueños, dulces y suaves como la seda,...
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Llegados a este punto, en los que la apatía y la abulia, esa ausencia total de voluntad, de interés por todo, se hacía algo ya crónico, quedaba patente que ese pequeño destello de luz que en ocasiones creía vislumbrar por entre la densa niebla, no era...
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