Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Una brisa gélida que hiela la sangre, pero que acaricia suave la piel y eriza levemente el vello; los párpados comienzan a pesar como plomo y se cierran paulatinamente; mientras, para unos ojos cansados, el horizonte se difumina, un horizonte difuso pero...
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