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Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.

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El Lobo Estepario. Hermann Hesse

 

Antes de introducir un fragmento de "El Lobo Estepario", de sumergirnos en el "Tratado del Lobo Estepario", hay que hacer una advertencia, y es que no se admite a cualquiera; esto es ¡sólo para locos!:

 

"Así que el Lobo Estepario tenía dos naturalezas, una humana y una animal. Ése era su destino y es posible que no se tratara de uno tan especial o único. Al parecer ya se han visto muchos seres humanos con algo de perro o de zorro, de pez o de víbora, sin que eso les causara dificultades particulares. En esas personas convivían el hombre y el zorro, el hombre y el pez, y ninguno lastimaba al otro, hasta llegaban a ayudarse entre sí, y alguna de esas personas que llega y es envidiada debe su éxito más al zorro o al mono que lleva dentro que al ser humano. Por el contrario, en Harry era diferente. El ser humano y el lobo no iban a la par y, menos aún, se ayudaban entre sí, sino que desarrollaron una enemistad mortal, permanente, y uno vivía a pesar del otro. Y cuando Dos que comparten Una sangre y Un alma son enemigos mortales, entonces la vida es mala. En fin, a cada uno le toca su suerte, y ninguna es fácil.

 

Resulta que nuestro Lobo Estepario sentía que a veces vivía como lobo y, otras, como hombre -tal como sucede con todos los seres mixtos- , pero que,  cuando era lobo, el ser humano que tenía dentro estaba constantemente al acecho, observando, evaluando y juzgando y que, en las épocas en las que era hombre, el lobo hacía lo mismo. Si, por ejemplo, Harry como ser humano tenía un pensamiento agradable, una sensación delicada y noble o ganas de llevar a cabo una así llamada buena acción, el lobo mostraba los dientes y reía y señalaba con sarcasmo cruel lo ridículo que se volvía todo ese teatro noble para un animal de la estepa, para un lobo que en sus entrañas sabía muy bien qué le gustaba: trotar solo por las llanuras, emborracharse con sangre de vez en cuando o perseguir una loba. Y así, desde el punto de vista del lobo, cualquier acción humana se volvía espantosamente cómica y desconcertante, tonta y pretenciosa. Pero sucedía exactamente lo mismo cuando Harry sentía y se comportaba como un lobo, cuando enseñaba sus dientes a otros, cuando experimentaba odio y enemistad mortal hacia todos los hombres y sus modales y costumbres hipócritas y degeneradas. En esos momentos, su parte humana estaba al acecho, observándolo, llamándolo animal o bestia y arruinando toda la alegría de su sana y salvaje esencia lobuna.

 

Así eran las cosas para el Lobo Estepario y es fácil imaginar que Harry no llevaba una vida cómoda y dichosa. Pero con eso no queremos decir que era infeliz en un grado muy especial (aunque a él mismo sí le parecía, así como todas las personas suelen considerar que los males que las aquejan son los más graves). Eso no se debe decir de ningún ser humano. Quien no tenga un lobo dentro tampoco tienen que ser, por eso, feliz. Y aun la vida más desdichada tiene sus momentos de luz y sus pequeñas flores entre la arena y las rocas. Así sucedía también con el Lobo Estepario. Por lo general, era muy desdichado, eso no se puede negar, y también podía volver desdichados a otros, sobre todo cuando él los amaba y viceversa. Porque todos los que se encariñaban con él sólo veían uno de sus lados. Algunos querían al hombre fino, inteligente y original, y se horrorizaban y desilusionaban cuando, de pronto, se veían obligados a descubrir al lobo que había en él. Y no les quedaba otra opción, porque igual que todos, Harry quería ser amado entero y, justamente por eso, no podía esconder o negar al lobo delante de aquellos cuyo amor importaba.lobo-y-luna.jpg

 

 

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