Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
aso era un pequeño y solitario estanque de gélidas y superficiales aguas mansas, pero un estanque cuyas profundidades entrañaban otras de cálido contenido. Calidez la de este estanque que exigía para saber de su existencia el sumergirse en él, bucear en su interior para, alcanzando paulatinamente su fondo, ir entrando en calor, en el apacible calor de su corazón, del férvido corazón de aquel solitario estanque.