Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Mejor así. Someterse a algo y que ésto te controle es un gran error; mejor ser libre, sólo tener que rendir cuentas de lo que hagas a ti; hacer lo que quieras sin tener que estar atado a alguien o algo. ¿Acaso hay alguien o algo por lo que merezca supeditarse la voluntad de uno mismo, la vida de uno por entera? No, desde esa perspectiva desde luego que no ¿egoísmo? no, de hecho, las personas más abnegadas en cierta forma son las más libres y satisfechas, las que no están bajo el yugo de nada, son amo y señor de sí mismas, no obstante, no creo parecerme en muchos aspectos a este tipo de personas. Esa supeditación sería dar mi brazo a torcer, y tengo bien claro qué quiero hacer de mí, y para ello tengo que mantenerme firme en mis trece.Quiero ser libre, llámalo individualismo, no quiero ser uno de esos que se entregan a algo que desconocen, dejándose llevar por la corriente, no. No quiero caer en una sutil y atávica argucia, invención de la Madre Naturaleza. Quiero ser yo conmigo mismo. Yo solo. Yo.