Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Pusilamimidad exacerbada es lo que me produce el abrirme ante lo que por un instante creo verdad, y ante lo que por otro atisbo como mera pesadilla. Pero fuera lo que fuere, siendo consciente de aquel instante, aun por fugaz existencia en mi desdichada mente, encona la herida de mi alma, que gime para sus adentros retorciéndose de dolor y sufrimiento. Un alma que aparece entonces desengañada, melancólica, displicente y áspera por lo desorientada y confusa que se encuentra; cogitabunda, vagabunda... sin rumbo, como un efímero girasol sin luz en una oscura y eterna noche. Un ánima sin ánimo.