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Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.

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Espíritu crítico.

 

Lo común y ordinario hoy día es encontrarse con que toda persona, en su mayoría integrante de una masa uniforme y aborregada, adopte a priori, ante cualquier tema, una postura o se posicione a favor de un bando que se contrapone a otro, pero, y aquí radica la clave, la mayoría de las veces ese posicionamiento no es sino fruto de un proceso totalmente irracional o, como poco, no fundado en hechos objetivos y razonables, si no más bien movido por intereses o por sentimientos, por tanto, sin apelar en ningún caso a la razón. Común y ordinario es encontrarse hoy día también con gente, no poca, que en lugar de buscar datos que le permitan acercarse lo más próximo posible a la realidad opta, por el contrario, por hacer una elección selectiva y sesgada de información que confirme su posición previamente adoptada, desechando y pasando por alto toda información de signo contrario al suyo y que eche por tierra su posicionamiento, que consideran el único verdadero. Lo común y ordinario hoy día es, por tanto, la proliferación de una masa borreguil dogmática carente de criterio propio que tiene una visión parcial de la realidad o, lo que es lo mismo, la ausencia de una sociedad verdaderamente crítica.

 

Es lógico que uno se resuelva y acabe apoyando una determinada causa, pero a menudo lo hacemos sin apenas reflexionar al respecto de forma seria y racional. Más bien tomamos una posición de manera instintiva, sin rompernos mucho la cabeza, sin someterlo a análisis, y normalmente esa posición adoptada coincide con la posición lógica que corresponde a nuestra creencia, ideología, o gente de nuestro entorno, y ello, muchas veces, lo hacemos fuera de toda lógica, de la verdadera lógica, que es la que proviene de la razón, pues las evidencias, lo que podríamos llamar "lo razonable" , en más de una ocasión asevera lo opuesto a nuestra lógica, que no es sino una lógica colectiva, que se encuentra lejos de la verdadera lógica. Pese a ello, defenderemos ese punto de vista con uñas y dientes, sin saber realmente por qué, sin haberlo pasado por el filtro de la razón, de la crítica. De ahí que se puedan distinguir dos críticas, si bien sólo una de ellas es crítica auténtica y merece tal nombre: por un lado, la crítica lógica, que es auténtica, fundada en la razón, aséptica o propensa a serlo; por otro, la crítica ideológica, que es una crítica adulterada, de fondo irracional, sesgada y tendiente a hacer brillar lo propio y oscurecer lo ajeno, cueste lo que cueste, lo más frecuente, a través de la manipulación.

 

La crítica debe tener como base la razón, y ésta, como apoyo, evidencias, a poder ser, variadas, todas las que sea posible reunir, aun cuando sea o no conveniente para uno mismo o sus intereses, pues hacer lo contrario no sería más que engañarse a uno mismo, lo que a larga, con toda seguridad, resultará perjudicial. Dicho esto,queda nítido lo siguiente: la persona crítica, que escasea, es aquella que no es de nadie que no sea ella misma; si los demás  se deciden por un bando casi de manera inconsciente, impulsados por latidos sentimentales, el individuo crítico, por el contrario, se sitúa frente a los contendientes y, si se determina por uno de los dos, no es por el color, por el latido de su corazón, sino por la razón, que en ese caso, cae del lado de un bando. Es decir, el único bando del individuo crítico es el bando de la razón, el bando de lo razonable.

 

Y es que no podemos olvidar que la crítica propicia la mejora, es un continuo incordio a la molicie. Por desgracia, muchos se toman la crítica como algo personal, y puede que realmente el que critica tenga, efectivamente, algo personal; en cualquier caso, de toda crítica, al menos de la motivada, se puede aprender y debe aprovecharse. Por último, para terminar, simplemente decir que, si bien es cierto que lo recomendable sería tomar una actitud crítica con todos y con todo, puestos a no serlo del todo, lo preferible sería serlo, antes que con el enemigo, al que no deseamos bien, con el amigo, a quien deseamos lo mejor, y por tanto, que progrese.

 

Cresta pendenciera.

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