Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Seguramente, más de una vez, sin saberlo, te hayas encontrado por la calle a algún tipo de mirada retraída, pero profunda e insondable; desorientada, pero anhelante de algo desconocido que lo arrastra. Esa mirada inquieta, que mira con los ojos del alma, busca con impaciencia y locura desmedida lo que una vez le arrancaron de sus entrañas; algo que le dejó un inmenso vacío, vacío que le produce un intenso dolor, dolor que le desgarra por dentro las paredes del alma.
Ese individuo, ese buscador que, como el sediento caminante, se arrastra por el desierto en busca de agua, que es su vida, a menudo advierte un oasis en el difuso horizonte, pero esos oasis, manantiales de la vida, una vez son alcanzados por el buscador, pronto se evaporan entre sus manos, desvaneciéndose como espejismos. Y ese buscador, de alma sedienta, acostumbrado al error y al fracaso, con un ánimo y fuerzas cada vez más lánguidos, raquíticos, prosigue pese a todo su terca búsqueda, a cada paso de la cual deja tras de sí restos de sueños quebrados. Es un buscador errante, porque yerra, y errando, se tambalea de un lado a otro, sin rumbo ni asiento fijo, y todo ello con una sola cosa en mente, lo que es la causa de su desdicha: aquello que una vez ocupó lo que ahora es un gélido vacío. Así, su persistente búsqueda, infructuosa, lo mantiene absorbido por completo, es lo que le da vida, pero, al mismo tiempo, es aquello por lo que desea morir. Pero entonces, de improviso, cuando está sumergido, inmerso en las profundidades de su cruda búsqueda, una punzante puñalada en forma de pregunta le acomete cruelmente: "¿Existe el objeto de tu búsqueda?"