Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Y el amor, este amor, que no se toca pero se palpa, palpita, ¿Es un impulso que sólo vive con frenética intensidad si no se alcanza? ¿Que se desvanece si se materializa, al menor roce? ¿Que permanece vivo en la poesía, en la lejanía, inalcanzable? Y la eternidad, la inmortalidad, ese estado anhelado, de felicidad absoluta, pero a la vez carente de mí mismo, anónimo, ¿existe?
A partir de esta bifurcación, cualquiera que sea el camino que elija, tendré que adentrarme en un profundo y oscuro bosque de incertidumbre, pues la luz, en caso de encontrarla, sólo se halla al final del camino...
Mi lema es un dilema, o el dilema es mi lema…