Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Siempre vuelvo a lo mismo
Siempre retorno al olvido
Pero a este no acorazado
Le gusta el bucle infinito
Le gusta escuchar tu voz
Ser tan sólo oído
Perderse entre tus labios
Pedir lo que no pido
Tan sólo un trocito de cordura
Para este corazón sin armadura
Y un trocito de tus labios
Para endulzar la desazón
Que se pierde, que no dura
Que esfuma tu sabor