Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Mis intenciones saltan a la vista, y es precisamente mi mirada la que me delata. No busco nada del otro mundo, sólo verte, hacerte sonreír, una tímida mirada, escuchar tu voz e intentar retenerla, una caricia... tan sólo eso significa mucho para mí, y lo que siento, de todo corazón, es sincero y puro. Sí, sincero y puro, como tu alma, que también se delata, que es la que me gana, la que, siendo tan dispar a la mía, tan distinta, me puede, me atrae y absorbe por completo. De la forma que sea, te admiro, te adoro incondicionalmente, con locura, con frenesí.Pero no me gusta ser un incordio, tengo por principio respetar a los demás, pues cada uno necesita su propio espacio. Pero me gusta sentirme cerca tuya, de la forma que sea, sentirte. Y siempre, cualquiera que sean las circunstancias, cualquiera que sea el caso,estaré ahí, siempre, aunque te parezca absurdo. Siempre. ¿Y todo esto por qué? Por el simple hecho de ser tú, tú misma, por ser especial, por ser quien eres, porque guardas un corazón enorme que es un tesoro, que brilla, que resplandece en tu mirada, en tu preciosa sonrisa, y que te traspasa, que va más allá rezumando y contagiando vida, amor, alegría, felicidad...