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Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.

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Del altruismo al egoísmo; de la muerte a la vida.

 

Quizás me adelanto a acontecimientos y me precipito al hablar sin saber todo lo que debiera. En cualquier caso, como una serie, Breaking Bad, me ha sugerido una idea, fruto ésta de una percepción mía particular, la desarrollaré aun cuando quizá no tenga suficiente fundamento, pero como el efecto sugestivo es intenso, aquí que estoy dándole a la tecla. Una vez tomada la precaución, si bien hay que decir que más que precavido parezco un gallina, vayamos al grano (al grano en el sentido de directo, no tengo aún complejo de gallina).

 

Al principio de la serie a Walter White se le pinta como un tipo gris, insulso, más bien retraído, y ante todo resignado ante una vida monótona y sin chispa, apagada. Pareciera que está muerto en vida. Sin embargo, en uno de esos aparentes días de rutina pesada y aplastante recibe un mazazo inesperado: tiene cáncer. Ese duro revés parece despertarle del aletargamiento en que estaba sumido, de ese sopor vital que lo inducía a vivir como un autómota. Es entonces cuando abre los ojos y, ante la cruda responsabilidad con la que él mismo decide cargar en solitario, que no es otra que la de solventar el futuro de su familia para cuando él no estuviera, se resuelve a producir metanfetamina, algo que, si bien entiende que no es ético, sabe de lo efectivo que resulta para su propósito, que es hacer dinero fácil. De esa forma, y dado que la familia es lo primero, los fines justifican los medios.

 

Y es a partir de entonces cuando se produce un verdadero cambio en la mentalidad y personalidad de Walter, pues, a medida que se va metiendo hasta el cuello en los distintos trapicheos que se van desenvolviendo en el desarrollo de su negocio, su escala de valores va resultando cada vez más flexible y moldeable. Pero sobre todo, puede apreciarse cómo el saber cerca su muerte lleva a Walter desde una etapa inicial de inactividad y monotonía de cuando estaba sano pero muerto en vida a una fase de actividad tumultuosa e incesante de riesgos en la que, pese a estar cerca de la muerte, casi todo cuanto hace logra llenarle de vida. Es más, parece que esa obligación moral, que podríamos decir altruista, de proteger a la familia, le impulsa sin quererlo a un lado más oscuro, lleno de sombras e inmundicias, que lo acercan a su egoísmo, pues la situación adversa le obliga a sacar todo lo que hasta entonces se había reprimido. Así que se despoja de aquel químico lánguido que fue en el pasado para convertirse en Heisenberg, para convertirse en un tipo que no se queda agazapado en un rincón, murmurando para sus adentros y guardándose sus emociones y reacciones viscerales, sino en uno que se hace valer y que se sirve de toda su habilidad y artificio para alcanzar sus propósitos, cueste lo que cueste, dejando a un lado todo remilgo y convirtiéndose, por lo menos en apariencia, en un personaje sin escrúpulos. Una vez descubierto ese potencial soterrado, una vez que conoce a esa especie de superhombre que escondía atado y amordazado en sus entrañas, Walter, que, a diferencia de sus clientes, no se engancha a la metanfetamina, adquiere un vicio, un vicio a su nueva faceta; le gusta su nuevo yo o, como poco, en lo más hondo de su ser, disfruta con su aventura clandestina. Todo gira entonces entorno a su actividad frenética, actividad ésta que no le deja respirar ni un sólo instante y que lo acapara absolutamente todo en su vida, convirtiéndose él, en todo este proceso, en un ser profundamente egoísta. Y es que, ironías de la vida, a Walter el altruismo le impulsa al egoísmo y, por su parte, la muerte, a la vida, a vivir como no lo ha hecho nunca.

 

 

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