Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
"Me encuentro sumido en un insondable vacío. A la vez me encuentro ahogado por una incomprensible desazón que me invade, que me corroe el alma, que me desembaraza de todo anhelo por vivir. Camino sin rumbo, sin percatarme por dónde paso, por dónde piso, si acaso pienso, sin atender siquiera de todo cuanto me rodea, sin impresionarme absolutamente por nada; aborrezco todo. Hasta un zombi se mueve con más garbo y vigor que yo. Si antes rebosaba de inquietud, ahora soy saco de indiferencia. Rezumo pesimismo en cada una de mis palabras, en mi áspera y taciturna cadencia, en mis ademanes...Soy un mísero y resignado guiñapo que ha decidido dejarse arrastrar por el viento, que ha decidido darse por vencido, y siendo, además, vencido por sí mismo, sin embargo, no siendo ganador sobre sí mismo. Soy un cobarde pusilánime que, alicaído y sin ánimo alguno sobre el que apoyarse y poder levantarse, prefiere autoproclamarse como rey de la impotencia y resignarse ante lo adverso. Siempre he estado vacío, vacío de algo plenamente real, henchido de algo ficticio, pero al menos si pletórico de algo, de algo que me dotaba de alegría y esperanza, pero algo que, tras descubirse como es, irreal, quimérico, ilusorio, falso, hace que esa alegría y esa esperanza reales, sin sentido por la base sobre que se sostenían, se desvanezcan, desaparezcan, dejando de esta forma y en su lugar, vacío.