Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Vivir soñando, acaso soñar viviendo; lo mismo es. Vivir es soñar, morir es despertar, vivimos durmiendo, porque durmiendo soñamos, y despertándonos morimos. Vivimos para morir, soñamos durmiendo para despertar, para despertar del sueño, que es morir. Pero si toda vida es sueño, si todo sueño es vida, y despertamos, y morimos ¿a qué morimos? ¿A qué despertamos? ¿A otra vida? ¿A otro sueño?