Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
(Se recomienda antes que nada, antes de leer el próximo párrafo, poner en marcha el vídeo y leer conforme se escucha la canción. Ambas al mismo tiempo, como una sola cosa. Sin prisas. Que la música ponga el sentimiento y la lectura el pensamiento).
Como un paseo por lo nostálgico de nuestro caminar. Como aparecer por unos instantes entre los fantasmas del pasado, en la esencia misma de los buenos momentos vividos. Imágenes que se agolpan, acompañadas éstas de sentimientos, sensaciones y pensamientos propios de ese momento y que acaban por ponerle a aquéllas la atmósfera, nuestra atmósfera, nuestra subjetiva percepción de ellas, de esas viejas imágenes que ahora, en el presente, no son más que reminiscencias, recuerdos vagos, cuyas lagunas y oquedades se ocupan con nuevas imágenes, fruto de nuestra fantasiosa imaginación, fundiéndose y confundiéndose así realidad y fantasía. Pero todo ello, en el fondo, revestido de cierta melancolía, con un aire de tristeza, ya sea por el irrecuperable tiempo pasado, ya
muerto, que no permite una marcha atrás; ya sea por lo irrecuperable de los momentos vividos, ya muertos, con la amargura de no poder vivirlos de nuevo...
Pero siempre, siempre, durante el transitar que es nuestra vida, flanqueado por frondosos árboles, se filtra por entre las copas de éstos ráfagas de tímidos y cálidos rayos de luz que acarician nuestra resentida piel, suaves caricias que atisban tras un risueño resquicio una optimista y nueva luz....
una nueva etapa...