Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Pocas palabras. No destaco por mantener conversaciones muy fluidas. Así que, sí, soy tacaño con la saliva, ¡qué le vamos a hacer! A resumidas cuentas podría decirse entonces que soy lacónico, un hombre parco en palabras. Y otras veces ni tan siquiera articulo palabra alguna, probablemente porque en ese momento lo más elocuente sea el silencio.