Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Junto a las solitarias vías, el cálido s
ol de la tarde hacía resplandecer el perfil izquierdo de su tez pálida; el viento, con su fino rumor que monopolizaba el sonido del ambiente, agitaba suavemente su larga cabellera rubia de trechos morenos. Mientras, ella, delicadamente, se humedecía sus labios carnosos, y su mirada, ida, permanecía clavada en las vías, perdiéndose aquélla en el horizonte de límites desdibujados.Sus grandes ojos verde esmeralda brillaban, y de sus lágrimas, reprimidas, alguna se deslizaba lentamente por el rostro, difuminando el oscuro maquillaje,ahumado, de aquellos enigmáticos ojos, en cuyo fondo, sin embargo, parecía esconder un resquicio de esperanza.