Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
He subido a la azotea para despejarme. La noche refresca. El suelo está húmedo. Y aquí estoy, tumbado, mirando las estrellas, la luna, y también alguna esporádica nube desorientada que trata de eclipsarla, como queriendo llamar su atención, pero no puede, tan sólo consigue que la luna aparezca por un momento como cubierta por un fino velo, terminando la perdida nube por teñirse de la lánguida y blanquecina tonalidad propia de la luz de la luna. Al poco tiempo, como estaba previsto, la nube errante se aleja paulatinamente y desaparece, recobrando la luna en su plenitud esa pálida luminosidad que encandila a cualquiera.
Lo veo claro. Todo este tiempo he estado tratando de sepultarlo con una infinidad de distracciones. Pero siempre emerge y aflor
a entre todo ese sedimento con trasfondo disuasorio, entre todo ese sedimento que acumulo inútilmente. Está fuertemente arraigado en mí. Sus raíces ya me abarcan por completo. No puedo desembarazarme de sus brazos, de sus abrazos...Pero el camino a seguir es claro y rotundo, y sea o no por cobardía, lo que importa a efectos prácticos es la decisión, meditada y sentida. No me abrí, ni me abriré. Siempre fui hermético, pero también transparente. Sin embargo, aunque lo hubiera conseguido, aunque en un primer momento llegara a buen puerto, me quedaría ahí, en el puerto, anclado; no conseguiría navegar en la felicidad con el timón en mano, a tu lado. No podría. Así que siempre estaré lejos, como un vago recuerdo, como un mal sueño, olvidado en un rincón de tu vida. Pero ese difuso mal sueño que se pierde por entre las nieblas de tus recuerdos, antes de que comience a difuminarse y caiga finalmente en el olvido, te da las gracias de corazón. Es lo menos que podía hacer.
Hasta nunca, Blanca Luna.