Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
El arrullador y lejano sonido de las olas; el parpadeante y tenue brillar de las estrellas; el contacto de mi piel sobre la fría y suave arena. Estaba tumbado, con los ojos cerrados, traspuesto, absorto en mis pensamientos, y todos ellos abigarrados; esfumándose unos, apareciéndose otros. Pero bajo toda esa variopinta amalgama de pensamientos subyacía uno, y éste, con más fuerza y vigor que el resto, acabó por adquirir por fin cierta nitidez. Nunca podré deshacerme de este persistente pensamiento. Nunca. Para deshacerme de él, tengo que hacerme con él.