Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Y sus miradas se cruzaban anhelantes, se buscaban tímidas pero ardientes. Y él quería forzar un encuentro, hablar con ella, aunque fuera sólo saludarla, hacerle saber que estaba ahí, que ella era especial, que tenía un brillo diferente al resto. Pero al mismo tiempo tenía miedo que esa magia que se había tejido sobre sus miradas, ese silencio y distanciamiento tan lírico y poético desapareciera, se esfumara…