Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Es curioso, el otro día me dio por leer algo de Kant y resulta que, como ya dije en mi artículo de presentación, el momento más propicio para elucubrar no es otro que en la oscuridad de la noche, al menos es lo que infiero de una frase de este gran filósofo alemán: "En las tinieblas la imaginación trabaja más activamente que en plena luz".
Sí, y en mi caso es cierto, pues cuando compongo la mayoría de mis poemas (que son pésimos, pero más lo serían si no los hiciese en ese momento de agudeza mental), cuando reflexiono sobre cuestiones existenciales, cuando valoro mi día de forma más diáfana.... sin duda, es de noche.