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Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.

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Transición I

 Los dos días que siguieron no tuvieron la misma exigencia y presión que el primero, pues el resto de los exámenes eran voluntarios, eran, como dijera durante el curso un profesor suyo, "un control de subida académica", en definitiva, para obtener una mayor calificación en el caso de que se quisiera acceder a un grado en el que la nota exigida para su entrada fuera competitiva. Pese a que los nervios aún seguían flotando en el aire, Félix llegó a acostumbrarse a aquel procedimiento: llegar, buscar entre las listas el aula, encontrarse con compañeros para charlar antes del examen, y por último, dirigirse al aula a la espera de poder entrar. Era como si llevara más de una semana realizando todo este ritual previo al examen, pero nada más lejos de la realidad, sólo llevaba un día y medio.

 

Con altibajos, el balance de aquellos exámenes voluntarios era positivo, mejorables, pero positivos.Y el último día, un jueves, fue un verdadero alivio para Félix, no se lo creía, por fin había acabado aquella dura, intensa y estresante semana; por fin terminaba aquel curso; por fin podía decir que había escrito el punto y final de aquél, su primer capítulo vital, el escolar; que por fin podría sentirse algo más libre, más adulto...

 

Nada más salir del edificio se encontró con un grupo de compañeros, muy excitados y ufanos todos ellos;  unos, comentando resultados de exámenes, otros, dándose abrazos y despidiéndose...Félix se integró en uno de aquellos grupos que, compuesto éste por gente más afín a él, decidió, por unanimidad, el ir a uno de los bares que por los aledaños de la facultad había para celebrar tan esperada fecha: el término de su primera prueba trascendental, y el inicio de un largo y anhelado verano. Aunque dieron vueltas por los alrededores en busca del lugar más propicio para tomar unas cervecitas bien fresquitas, lo cierto es que al final se decidieron por el bar más cercano a la facultad. Tras pedir y  tomar unas refrescantes cervezas, que no lo fueron tanto para Félix, pues no le gustaban en exceso, cada mochuelo se fue a su olivo. Como ocurriera el primer día, Félix se fue en metro con aquellos que vivían próximos a él y que, por lo tanto, se bajaban en su misma parada. Finalmente, después de soportar el intenso y sofocante calor de mediodía, llegó a su casa. Dejaba atrás, definitivamente, toda su anterior vida. Comenzaba una nueva singladura.

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