Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Ahí estaba él, quien, con las manos en los bolsillos y absorto en sus pensamientos, transitaba por las húmedas calles en los albores de aquel frío día. La noche anterior había llovido. La calle estaba desierta; sólo se escuchaban sus pasos, que, alguna que otra vez, iban a parar a un pequeño charco. Y en su cabeza retumbaba profunda e insistentemente una palabra: "Nada".