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Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.

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Grupos.

“El otro día me percaté de que, yo mismo, dependiendo de con qué grupo de amigos esté, no ya refiriéndome a la contraposición entre grupo laboral y grupo personal, se actúa de forma muy distinta, formas múltiples de actuar éstas que, de modo muy genérico, podrían englobarse en dos comportamientos. Así pues, estos dos comportamientos que menciono afectan únicamente, desde el punto de vista social, en el ámbito de la amistad: El sumiso y el dominante; digo que sólo en el recinto de amigos e incluso familia porque está claro que en el recinto del trabajo las relaciones de jerarquía en que uno manda y otro se supedita a las órdenes de éste están preestablecidas y no surgen de manera espontánea, es decir, con el trato y con el tiempo, como ocurre con las amistades.

 

De esta manera, dentro del grupo de las amistades, podríamos distinguir, por ejemplo, el de las del colegio, por un lado, y el de las externas a éste por otro. En función de cómo se haya comportado uno desde el primer momento dentro del conjunto; de su relación con el resto; de los gustos de la mayoría de los integrantes del grupo, y de cómo sean las personalidades  y formas de ser de quienes forman dicho grupo, uno adquiere un rol u otro dentro del mismo, uno actuará de forma  sumisa o dominante, o incluso, dentro del mismo grupo, será dominante respecto a uno y sumiso respecto a otro, pudiendo ser, por consiguiente, más o menos dominante en el total del grupo. Si, en el caso del ejemplo, uno adopta un carácter dominante dentro de sus amistades escolares y, en cambio, una sumisa con sus amistades externas al recinto escolar, actuará, espontáneamente y casi sin darse cuenta, de manera diametralmente opuesta en cualquiera de uno de los dos lados respecto al otro ¿Por qué no somos dominantes o sumisos en todos los grupos? Pues porque en ningún caso somos dominantes o sumisos absolutos. Podemos tener, por nuestra personalidad, cierta propensión a ser dominantes pero, sin embargo, como realmente somos dominantes relativos y no dominantes absolutos, si, por casualidad, pese a ser nosotros muy dominantes, topamos con otro que posee esa cualidad en un grado mayor, sin dejar de ser dominantes por ello, pasamos a ser, con respecto a este nuevo dominante, sumisos, de ahí que sea relativo. Nunca somos algo de manera absoluta, pues si todos somos puntos y nosotros fuéramos uno, el punto de referencia podríamos ser nosotros, o ese, o éste, o aquél, y podríamos seguir; así pues, todo depende del punto de mira, y en cierta forma, y digo en cierta forma, todo es relativo, todo es subjetivo.”

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