Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Quizás era producto de tener bajo el ánimo, o quizás fruto de un vacío existencial pasajero que había calado muy hondo.Lo cierto es que me había esclavizado y me encontraba bajo el yugo de la desidia y laxitud más absolutas. Sin duda, me había abandonado; era un guiñapo desaliñado y amargado que pululaba del catre a la nevera y de la nevera al catre. Quizás, sin darme cuenta pero no por ello sin sentirlo, mi deprimente estado se debía a lo desengañado que estaba, desengañado de lo que antes creía con toda firmeza y ahora, de la forma más cruel y acerba, dejaba de creer, dejando toda esa creencia tan arraigada y que casi formaba parte de mí, como una abstracta prolongación de mí mismo, desmembrada de mi cuerpo. Todos esos sentimientos, esas ideas, esos pensamientos, tras haberme desembarazado violenta y cruelmente de ellos, habían dejado, casi con toda seguridad, un vacío y desazón insondables.