Lo definiría como me definiría a mí mismo, pues aquí me vuelco yo, y aunque no por entero, sí queda mi impronta. Yo desde luego no me considero algo estático, algo que se encuentra anclado en unos estereotipos opresores, sino dinámico, en continua formación ¿Cómo me definiría entonces? como indefinido. Pues yo no me hago a mí mismo prisionero, cautivo en el habitáculo de las palabras, sino que son ellas mis compañeras, las confidentes terapéuticas de mi alma.
Deambulo otra noche más mientras pienso en ti, Luna mía, para contemplarte fielmente, como hago todas las noches. Lo cierto es que tú no eres de nadie,en todo caso eres de ti misma, pero yo tuyo, sólo tuyo. ¡Somos tan diferentes! Yo soy un solitario gato negro, perdido, sin rumbo, sin luz... tú eres una Luna, una resplandeciente y radiante Luna blanca con una luz especial, y acompañada, no estás sola, pues te rodean multitud de estrellas, y al contrario que yo, no estás perdida, sabes cuál es tu lugar.
A ti todos te observan, a ti todos te dedican sus versos de amor. Y los míos para ti no son más que unos de los tantos que te dedican...
¿Sabes? Acabo de llegar a mi tejado. Aquí mismo, en este ajado tejado, es donde te contemplo, donde te admiro cada noche. Pero, ¿y tú?, ¿tú me observas?, ¿tú me sientes, blanca Luna?, ¿sientes el palpitante y ardoroso corazón de este negro gato, blanca Luna? No lo creo. En cualquier caso, sigo prendado de tu pálida, de tu cálida luz, y siempre lo estaré, blanca Luna.
De día te pienso, te espero; de noche te observo, te deseo. Así todos los días, pero tú no lo sabes, no puedes saberlo, no puedes llegar a mí, del mismo modo que yo no puedo llegar a ti; eres inalcanzable, por cómo eres tú, por cómo soy yo: yo soy un gato, tú eres una Luna, tú tan sólo sabes de lo que te rodea, de las estrellas, y son éstas en todo caso lo más parecido a ti, no yo. Y sé que este amor, el amor que siente un gato hacia una Luna es una locura, que no tiene sentido, ¿acaso algo lo tiene?. Por eso, me da igual, sigues siendo tú y seguirás siendo tú y no las mortecinas y artificiales luces de las farolas la que enciendas y llenes de luz mis oscuras y frías noches; eres tú, tú con tu luz, blanca Luna.
Y es que este amor, el imposible y lírico amor que este gato que te habla siente hacia ti, hermosa y blanca Luna, es un intenso y ferviente amor, un amor lunático...